jueves, 27 de abril de 2017

Fernando Bossi sobre Venezuela

Martes, 25 Abril 2017 (Portal ALBA)


“La inmensa mayoría de los venezolanos quiere vivir en paz, sin fascistas en la calle atentando contra la vida y la seguridad ciudadana”

Fernando Bossi es periodista y especialista en temas de integración latinoamericana caribeña. En la entrevista conversamos sobre la situación política actual de Venezuela.

Portal Alba: ¿Realmente hay una ruptura del hilo constitucional en Venezuela?

Fernando Bossi: Nunca, en la historia de Venezuela, ha habido un gobierno más apegado a la ley y a la Constitución. Tanto Chávez, como hoy Maduro, no han tomado una sola medida que no esté avalada por las leyes de la Nación.

Ahora bien, la Asamblea Nacional, tras haber sido controlada por la oposición, se ha encargado de obstaculizar permanentemente a los otros poderes constituidos. De hecho, el Poder Electoral impugnó a tres diputados por irregularidades en el proceso electoral y la oposición, desconociendo esa resolución, los incorporó a la Asamblea. Ese acto derivó en desacato por parte de la Asamblea Nacional, ubicándose así al margen de la Constitución y las leyes. No ha sido el chavismo quien ha atentado contra la Constitución, sino la oposición a través de la Asamblea Nacional.

PA: ¿Cuál es la intención entonces de la oposición al convocar permanentemente a movilizaciones?

FB: Creo que hay dos elementos a analizar. Por un lado hay que entender que la oposición está en todo su derecho de manifestar y expresarse libremente dentro de lo establecido por la ley. De eso no hay duda y el ejecutivo lo garantiza. Pero también hay otro aspecto a considerar, que es que un sector de la dirigencia opositora, aprovecha esas movilizaciones para provocar actos de violencia y terrorismo, con el objetivo de generar un caos de proporciones tales que conduzcan a un golpe de estado.

Esa oposición ultraderechista, representada por personajes como Julio Borges, Capriles, María Corina Machado, Freddy Guevara, Richard Blanco y otros, –que incluyen a la esposa del fascista preso Leopoldo López–, no ha dudado en hacer una suerte de alianza con sectores de la delincuencia común y el paramilitarismo colombiano, para realizar acciones terroristas y desestabilizadoras. Esos falsos dirigentes, financiados por la oligarquía venezolana, más los aportes provenientes de Estados Unidos y “colaboraciones” en dinero y logística facilitadas por el narco ex presidente colombiano Álvaro Uribe, son utilizadas para contratar a delincuentes y paracos (mercenarios) y realizar las acciones más violentas, vale decir, mandarlos al frente a la hora de atentar contra instituciones públicas, ciudadanos comunes o fuerzas de seguridad.

PA: Pero en las fotos y videos también vemos a estudiantes y jóvenes que no parecen delincuentes enfrentando a la policía.

FB: Claro, a través de los medios de comunicación, en manos de la derecha, vemos a “inocentes” estudiantes lanzando algunas piedras u oponiéndose con manos en alto a vehículos de las fuerzas de seguridad. Pero esas fotos son “for export”, donde muchachas y muchachos bonitos posan para las cámaras, a veces hasta en forma ridícula, como si estuvieran en una playa, y otras victimizándose. No hay que olvidarse que todo ello responde al manual de las llamadas “revoluciones de colores”, que tanto mal ha hecho a otros países.

El modus operandi es provocar a las fuerzas de seguridad, tratar de traspasar violentamente las líneas de permiso que tienen las marchas y así hacer que la policía actúe para contener los desbordes. Cosa que la policía se ve obligada a realizar, es su función, defender el orden público y la seguridad de la ciudadanía y la propiedad. Ahí es cuando la militancia fascista más decidida, sumando a la delincuencia comprada a fuerza de billetes, comienzan a actuar con más ahínco, utilizando elementos contundentes, que van desde bombas molotov hasta armas de fuego en algunos casos.

PA: ¿Pero no hay excesos en las fuerzas de seguridad?

FB: En algunos casos pueden haber existido, pero en casi todos han sido también sancionados por la ley, cosa que nunca se dice en los medios de comunicación masivos.

PA: ¿Cómo reacciona el pueblo ante estos hechos?

FB: El pueblo venezolano quiere paz, como todo pueblo del mundo. El problema central es que hay una dirigencia opositora clasista, racista y resentida, que odia al pueblo, y por ende al chavismo. Es un sector, desesperado, que teme que el bolivarianismo se recomponga. Hay que entender que la tremenda guerra económica que la oligarquía le ha hecho al gobierno, más la baja del precio del petróleo, han creado severas dificultades económicas en amplios sectores de la sociedad. Esto, sin duda, ha generado malestar e incertidumbre. Tras años de bonanza que generó el gobierno revolucionario, la pérdida de poder adquisitivo se siente, es un hecho de la realidad. Pero a partir de este año se han dados síntomas concretos de cierta reactivación, como asimismo un repunte de los precios internacionales del petróleo. El gobierno está realizando una tarea constante en esa dirección, y si bien no podemos decir que hemos salido de las dificultades, sí podemos afirmar que se visualiza un incipiente repunte.

Es entonces cuando los sectores más fascistas arremeten. Saben que si el gobierno comienza a solucionar los problemas más acuciantes de hoy, que son los alimentos y las medicinas, el bolivarianismo vuelve a reconquistar a las grandes mayorías populares.

PA: ¿Hoy el chavismo no es mayoría? 

FB: Eso lo tendrán que decir las urnas cuando haya elecciones. Pero sí podemos afirmar que el chavismo, pese a las dificultades, se encuentra saludable y combativo.

PA: ¿Y la oposición?

FB: La oposición es una bolsa de gatos. Una centena de dirigentes que los une solamente su visceral antichavismo, el odio a los pobres y a los negros, a todo lo que huela a popular y patriótico. Son personajes inescrupulosos que disputan entre ellos el collar de perro que le asigne su amo estadounidense. Sueñan con privatizar todo y quedarse con las migajas del remate. Sus dirigentes son gente muy frívola, muy bruta, insensibles, incapaces de sostener una posición coherente, corruptos, enemigos de los libros como pocos, tramposos hasta con sus mismas bases… Entre ellos pelean a cuchillo por candidatearse.

Ahora también hay que reconocer que la oposición tiene votos, y eso no hay que subestimarlo en absoluto. Porque hay que entender que el poder que mantienen es muy grande. Siguen controlando gran parte de los medios de comunicación, tienen el apoyo de los Estados Unidos, de los gobiernos europeos, de todas las oligarquías y gobiernos de la derecha latinoamericanos, muchísima fuerza económica y financiera, la alta cúpula de la Iglesia, una parte importante de la banca y el comercio exterior, una quinta columna infiltrada en el propio estado… Y también han ganado votos por errores cometidos por el gobierno revolucionario, errores como consecuencia más de omisión que por acción.

PA: ¿A qué se refiere en esto?

FB: A que el gobierno no ha combatido con extremo rigor la corrupción interna y la infiltración dentro de las propias fuerzas. Muchas medidas tomadas por el gobierno, tanto de Chávez como de Maduro, correctamente concebidas, que generaron expectativas legítimas en el seno del pueblo, luego fueron desvirtuadas en su implementación.

PA: ¿Por ejemplo?

FB: El sistema de otorgamiento de divisas, el control de precios, el control obrero, la desburocratización de los organismos del estado, déficit importantes en la política comunicacional, privilegios desmedidos en un sector de los funcionarios públicos, falta de sanciones a la ineficiencia y compromiso, falta de mayor democracia interna en el partido (PSUV)…

Ahora cabe aclarar también, que todos esos problemas deben y pueden ser remediados dentro del proceso revolucionario. No son temas menores, pero tampoco insalvables. El pueblo está viendo, analizando y también comprendiendo que la solución a sus problemas cotidianos no está volcándose a apoyar a la oposición. Si bien una franja importante de la sociedad les dio su voto en las últimas elecciones a diputados a la Asamblea Nacional, también hoy se han visto defraudados por esos dirigentes que, en vez de proponer soluciones concretas, ideas propositivas, se han dedicado a agravar los problemas ya existentes y comprometer la paz y la estabilidad institucional.

PA: Si hubiera elecciones hoy ¿quién cree que ganaría?

FB: Depende de muchas cosas, no creo correcto adelantar pronósticos. Lo que sí puedo asegurar es que hoy la inmensa mayoría de los venezolanos quiere vivir en paz, sin fascistas en la calle atentando contra la vida y la seguridad ciudadana.

PA: ¿Qué le diría a la opinión pública internacional que le llega una información que habla de caos y dictadura en Venezuela?

FB: Que analicen, que no se dejen llevar solamente por noticias generadas por uno de los factores en pugna ¿No les llama la atención que la oposición se manifieste por infinidad de medios de comunicación, tanto diarios como radios y televisión, y después se hable de dictadura?  ¿Por qué será que todos los gobiernos que implementan medidas antipopulares son los que precisamente apoyan a la oposición venezolana? ¿No les parece sospechoso que por las movilizaciones “pacíficas” los muertos y heridos sean precisamente chavistas y miembros de las fuerzas de seguridad? ¿No se han preguntado qué es lo que propone la oposición venezolana en caso de ser gobierno?

Reinventar la política: Desafíos de movimientos sociales y políticos de Latinoamérica

Sábado 22 de Abril de 2017

Por Isabel Rauber* (de Revista Tesis 11)

“Los gobiernos populares, progresistas o revolucionarios que se constituyeron en Latinoamérica en los últimos veinte años… constituyeron un paso más en la búsqueda y exploración de nuevos caminos posibles …. Teniendo en cuenta el desenlace que han tenido algunos de estos procesos, la definición “caminos posibles” habilita la formulación de interrogantes claves acerca del alcance sociotransformador de tales gobiernos y su articulación con el quehacer político en el presente y el futuro de los movimientos sociales de los pueblos del continente y también de la izquierda o lo que se identifique y sienta como tal.”
Los gobiernos populares, progresistas o revolucionarios que se constituyeron en Latinoamérica en los últimos veinte años han sido y son una resultante de los procesos de acumulación de años de resistencias, luchas, creación y construcción de alternativas de los pueblos encabezados por los movimientos sociales en conjugación con algunas organizaciones políticas de izquierda.
Con su llegada al poder político, tales gobiernos constituyeron un paso más en la búsqueda y exploración de nuevos caminos posibles en tal dirección. Teniendo en cuenta el desenlace que han tenido algunos de estos procesos, la definición “caminos posibles” habilita la formulación de interrogantes claves acerca del alcance sociotransformador de tales gobiernos y su articulación con el quehacer político en el presente y el futuro de los movimientos sociales de los pueblos del continente y también de la izquierda o lo que se identifique y sienta como tal.
El agotamiento del tiempo posneoliberal
El recuento crítico de los acontecimientos políticos del último período en el continente revela que los ejes de las propuestas políticas que definieron el quehacer inicial de los gobiernos populares estuvieron marcados por la urgencia de responder a los desafíos impuestos por la catástrofe neoliberal y sus democracias “de mercado”. Esto imprimió a tales gobiernos el sello “posneoliberal” como característica predominante, a la vez que definió tareas y sujetos. Pero ese tiempo posneoliberal no sería eterno; sintetizando, puede afirmarse que se agotó al finalizar la primera década; con ella el ciclo “progresista” cerraba su fructífero tiempo y abría las puertas a la realización de transformaciones raizales.
Nuevos desafíos se perfilaban e imponían nuevas tensiones a los procesos iniciados por las sendas posneoliberales, planteando claramente a sus referentes políticos y gubernamentales la disyuntiva de arriesgarse a reajustar el rumbo hacia un horizonte poscapitalista o quedar entrampados en la lógica del capital.
Está claro que los gobiernos populares han tenido la decisión de enfrentar la avanzada ideológica, económica y cultural de los poderosos y lograr la continuidad de los procesos populares iniciados. Pero las opciones de cómo hacerlo y con quiénes, estuvieron en dependencia de su posicionamiento ante la disyuntiva mencionada.
►Gran parte identificó que la continuidad de los procesos resultaría de conservar los gobiernos. En aras de ello fructificaron incluso pactos de gobernabilidad con actores del poder del capital (que buscó y busca derrocarlos). Y entonces, los gobernantes populares “tropezaron” con la lucha de clases, supuestamente superada por la democracia.
Quienes apostaron por la conservación de los gobiernos populares, priorizaron:
ð-Fortalecer los acuerdos de cúpulas aliándose con sectores del poder económico y político considerados “moderados”… (co-gobernar con los adversarios).
ð-Aferrarse a la institucionalidad caduca y sus bases jurídicas, apostando a hacer “buena letra” para demostrar la “buena voluntad” democrático-institucional.
ð-Ajustarse a la democracia propia del sistema democrático-burgués existente y su sistema  jurídico, mostrándose “inofensivos” ante los poderosos, esperando tal vez no caer en su mira criminalizadora.
ð-Correlativamente, se pusieron frenos al protagonismo popular y al proceso de cambios que florecía desde abajo.
Esto favoreció la germinación de contradicciones insospechadas entre el poder popular naciente (construido desde abajo por los pueblos) y el poder constituido, paradójicamente –en estos casos- personificado por representantes del gobierno popular. Y ello no solo fue aprovechado por los sectores revanchistas sino también fogoneado intencionalmente para debilitar la base social de los gobiernos populares y –si fuera posible‑, sumarla a su proyecto opositor.
Estas contradicciones contribuyeron al desgaste político de los gobiernos, al tiempo que los sectores del poder desplazado del ejercicio del Ejecutivo, reacomodaban sus mecanismos y herramientas de producción de hegemonía y consensos sociales a las nuevas realidades. Con el despliegue de la guerra mediática estos sectores diluyeron sus acciones de guerra económica, ideológica y sicológica y relanzaron su estrategia injerencista.
El golpe “parlamentario” ocurrido en Honduras en junio de 2008, anunció el fin del período de reacomodo y supuesta aceptación de las reglas democráticas por parte del poder hegemónico, y la apertura de una nueva era de acciones desestabilizadoras, destituyentes y golpistas en el continente. Pero tales acontecimientos fueron –hoy se ve‑ subestimados, tal vez por otorgar excepcionalidad al “caso hondureño”, como antes también al proceso separatista que buscaba derrocar a Evo Morales (2007), o el ataque a Correa (2010), o la destitución de Lugo (2012), hasta que llegó el turno a los “grandes” como Brasil, Argentina, Venezuela…
Está claro hoy que la “convivencia” democrática de proyectos diferentes es pura fantasía; que países soberanos con un modo de vida diferente al que requiere el colonialismo imperialista no serán tolerados por el imperio y sus lugartenientes locales en su “patio trasero”. Hoy, inaugurando “la era Trump”, los tentáculos del secular poder imperialista se revuelven, aggiornados, contra los pueblos del continente con renovada furia y ensañamiento. La disputa es prácticamente cuerpo a cuerpo, pero centrada en las mentes, factor clave ‑ayer y hoy‑, para la dominación.
Hay otros caminos…
►Los gobernantes que tomaron la decisión de profundizar los procesos populares de cambios iniciados; radicalizándolos ‑cada quien a su manera‑, asumieron y asumen –ciertamente‑ un camino lleno de incertidumbres y contradicciones. En tanto lo nuevo es inédito, es y será obra de la creación y empeño colectivos de los pueblos. La prueba y el error atraviesan estas experiencias; en ellas se configuran elementos del nuevo poder popular y van madurando los nuevos saberes acerca de él.
Esta perspectiva estratégica revolucionaria –aunque algunos pretendan invisibilizarla tras el desesperanzador discurso del “fin de ciclo” o el “fin de la globalización”‑, late hoy en el continente, en los procesos populares de Bolivia, Venezuela, El Salvador, Nicaragua, Ecuador… y aguijonea la pulseada constante con los poderosos y sus apéndices locales. Contradicciones y amenazas florecen por doquier y convocan a los pueblos, a las organizaciones sociales y políticas y a los gobiernos populares, revolucionarios o progresistas, a hacer un alto en el camino, analizar las políticas actuales y la correlación de fuerzas, reflexionar críticamente acerca de lo realizado y definir –colectivamente‑ un camino a seguir: ceder para conservar (retroceder) o profundizar para avanzar (continuar los procesos de cambio iniciados afianzando su orientación poscapitalista).
La adopción de uno u otro camino arrojará conclusiones muy diferentes para el quehacer político actual. Ellas configuran, por tanto, un punto neurálgico de bifurcación política de los procesos populares, progresistas o revolucionarios del continente: mantener (y defender) el statu quo alcanzado, abonando un camino de reformas restauradoras del capitalismo, o profundizar los avances revolucionarios[1] iniciados, apostando a la creación y construcción raizal de otra geometría del poder (popular) anclada en la participación protagónica de los pueblos, abriendo cauces a la refundación de la política desde abajo.
Aprendizajes claves para los pueblos
Las experiencias de los gobiernos populares significaron para los pueblos transitar por un conjunto de aprendizajes. Entre ellos, destaco aquí:
  • Quedó al descubierto –en los hechos‑ que gobierno y poder no son sinónimos, que las revoluciones democráticas no son sinónimos de la otrora “vía pacífica”; suponen la profundización del conflicto político como vehículo de la lucha de clases, anudada fuertemente con una profunda batalla político-cultural de ideas.
  • Un proceso revolucionario no se define como tal por el hecho de que militantes de izquierda ocupen cargos en el Estado y el gobierno, sino por abrirse hacia la democracia popular (participativa) para avanzar en la construcción colectiva de las nuevas vertientes del nuevo poder, el poder popular, desde las comunidades, las comunas, los movimientos indígenas, barriales, de campesinos, de mujeres, ecologistas, LGTB, etc…
  • La democracia no se circunscribe a lo electoral; es parte de una red constructora de los concesos sociales que garantizan la repetición de los ciclos electorales, acorde con los intereses de las clases a las que responde.
  • El crecimiento económico es importante, pero insuficiente.
  • La búsqueda, creación y construcción de una nueva civilización, superadora de la que está regida por los intereses del capital, implica crear, construir y sostener otro modo de producción y reproducción de la vida social, otro modo de vivir y convivir (el buen vivir).
  • La educación política, la batalla ideológica es central. Y está anudada a la participación política, al empoderamiento. Este germina con la participación consciente y protagónica de los sujetos en los procesos sociotransformadores.
  • Caducó la concepción de la política desde arriba y a “dedo” propia del siglo XX, la subestimación de la política, y las viejas modalidades de la representación política que suplantan el protagonismo popular y fragmentan lo político de lo social.
  • Agotamiento de la fragmentación entre lo social y lo político, sus organizaciones y sus modalidades de acción y existencia. Articulación y construcción de convergencias marcan las bases para lograr un nuevo tipo de unidad (con diversidad).
o       Fin del maximalismo teórico y el minimalismo práctico propio de sectores (ultra)izquierdistas.
o    Fin del pensamiento liberal de izquierda y de las prácticas que, en virtud de ello, aíslan a la militancia de los procesos concretos de los pueblos, posicionándolas fuera de los escenarios concretos de las contiendas políticas.
Desafíos
Estar atentos a los cambios del sistema de dominación‑injerencia-saqueo global del capital en sus personificaciones imperialistas-nacionalistas xenófobas.
La salida (relativa) del Reino Unido de la Unión Europea y el triunfo de Trump en las presidenciales de EEUU detonaron las alarmas de los analistas geopolíticos del planeta. Por derecha y por izquierda la confusión se generaliza y no son pocos los que ahora pretenden que la globalización ha llegado a su fin.
El fracaso guerrerista-injerencista de la OTAN en Medio Oriente y, con ello, de los planes de la tríada imperial para consolidar su dominio unipolar en el mundo, fue marcado fundamentalmente por el avance de la coalición ruso-china en alianza con Irán y otros estados de la región. En virtud de ello, los motores del poder global del capital se disponen a reacomodar su estrategia de dominación global, conjugando el retorno a ciertas modalidades de proteccionismo nacionalista (en sus territorios cabeceras), enlazado con el libremercado (para sus expansiones internacionales), según lo requiera el actual proceso de acumulación a escala global del capital.
Identificar los programas proteccionistas de Gran Bretaña y EEUU como indicadores del fin de la globalización es ignorar la historia de los ciclos del capital y sus mercados: son predominantemente proteccionistas o ultraliberales de modo alterno según uno u otro camino garantice en cada momento el mayor aumento de sus ganancias. Es un circuito repetitivo y sin salida que indica el agotamiento de la civilización nacida y desarrollada con el capital. El triunfo del Brexit y el de Trump sintetizan el giro actual del poder global, que ‑con nuevos formatos, contenidos y alcances‑, marcan un punto de inflexión para una nueva arrancada… Tener esto en claro es decisivo para los pueblos, para no equivocar el rumbo, ni las tareas, ni los horizontes de sus resistencias, luchas, creaciones y construcciones de lo nuevo.
‑La importancia de actuar
Lo expuesto –en muy apretada síntesis‑, define campos de acción política para el quehacer político presente y futuro de los movimientos sociales populares y la izquierda latinoamericana en general. Entre ellos destaco:
·    Replantearse la transición hacia la nueva civilización como un proceso de creación-trasgresión (revolución) permanente de los pueblos.
·     Recuperar la centralidad protagónica de los sujetos populares en los procesos de transformación social.
·   Radicalizar la democracia hacia la democracia popular anclada en la  participación, creación, definición y acción de los pueblos.
·    Refundar la política: anclarla en la participación popular; con capacidad para construir hegemonía popular y promover las articulaciones y convergencias necesarias en cada momento, y para construir la conducción política colectiva del proceso sociotransformador en cada país, en la región, el continente y el mundo.
  Modificar de raíz la interrelación Gobierno-Estado-Pueblo para construir democracias  populares.
·    Crear y desarrollar un nuevo modo de producción y reproducción.
·    Desplegar la batalla ideológico-cultural por una nueva civilización a favor de la vida.
·   Construir hegemonía popular; salir del cerco ideológico, político, cultural y mediático del poder hegemónico.
·     Articular los procesos de acción sociotransformadora con procesos de formación política.
·    Cambiar de mentalidad y de actitud ante la vida. La superación crítica de los paradigmas que guiaron los procesos sociotransformadores del siglo XX (aún vigentes) resulta ineludible.
·    Apoyar procesos de renovación o renacimiento o construcción de una nueva izquierda política, social y cultural. Capaz de abrir cauces a procesos raizales de empoderamiento popular desde abajo y construir las convergencias colectivas hacia un horizonte común.
Es tiempo de crear, construir y transitar nuevos caminos. En este sentido, resulta central tener presente que el proceso de superación del capitalismo es parte de un proceso histórico-cultural de creación-aprendizaje de los pueblos del mundo de un nuevo horizonte histórico, descolonizado, anclado en los principios del buen vivir y convivir entre nosotros y con la naturaleza.
En eso estamos.

*Isabel Rauber, argentina, doctora en Filosofía de la Universidad de La Habana, directora de la revista Pasado y Presente siglo XXI.

Bibliografia citada
Amín, Samir (2009) “El imperialismo colectivo: Desafíos para el Tercer Mundo” Pasado y Presente 21, La Habana. En https://fisyp.org.ar/article/entrevista-a-samir-amin-el-imperialismo-colectivo-/ Rauber, Isabel (2012) Revoluciones desde abajo. Ed. Continente-Peña Lillo, BsAs. Rauber, Isabel (2017) Refundar la política. Ed. Continente-Peña Lillo, BsAs (en imprenta)
[1] Aquellos procesos que sin proponerse un horizonte socialista, abren las perspectivas para sobrepasar al capitalismo. [Samir Amin, 2009]

domingo, 23 de abril de 2017

El show del orden y la represión de la protesta

Por E. RAÚL ZAFFARONI  

18 de Abril de 2017




En un clima de aumento del desempleo, deterioro del salario, del consumo y de la previsión social, el malestar y la protesta se hacen realidad. La reacción del poder se limita a proyectar una pretendida imagen de “autoridad” a través de los medios monopólicos que instalan el “show del orden” mientras el gobierno implementa la represión de las protestas sociales. En la escalada represiva siempre queda como saldo alguna muerte. Esa es la consecuencia irreparable de recurrir a viejas recetas y técnicas que portan una historia de daño social.                                                                                                            Por E. Raúl Zaffaroni
Foto: ES Fotografía.
Es común la sensación de que los momentos que se viven son los peores de la historia, pero se trata de un error de perspectiva: por lo general son diferentes (no peores), porque la historia no se repite, sino que se continúa.
Todo programa económico que se basa en reducción del gasto público, se traduce en reducción del consumo, de producción, de recaudación, más recesión y al final se cierra el orificio del embudo. Esto pasó con Martínez de Hoz y con Cavallo, y terminó en los dos casos en forma desastrosa.
De todas formas, estos programas conllevan negocios inmensos que benefician a unos pocos. Es la corrupción sistémica. No se trata de corrupción de coimas, sino de miles de millones. Alguna diferencia en el presente caso existe: en los anteriores había un director de orquesta, en este parece que la orquesta se quedó sin director, pues cada sector implicado hace sus propios negociados.
Es sabido desde siempre –y no hay criminólogo que no lo sepa- que estas “crisis” provocan un aumento de los delitos contra la propiedad. No inciden directamente en los homicidios y menos en las violaciones, pueden tener incidencia indirecta, pero no muestran curvas coincidentes o paralelas.
Por otra parte, la reducción del consumo, el desempleo, el deterioro del salario y de la previsión social, son todos hechos que provocan protestas. Si a esto se agrega que, como resultado de la falta del director de orquesta, el poder no deja de abrir frentes, las protestas se multiplican y la sensación de caos aumenta, por mucho que los medios monopólicos traten de disimularla.
En estas condiciones no puede pensarse en ninguna política de control social más o menos racional, porque desde el propio poder se está promoviendo toda la conflictividad social, incluso la que parece lejana a la fuente principal.
La reacción del poder se limita a proyectar una pretendida imagen de “autoridad” a través de los medios monopólicos, para tranquilizar a los sectores medios en que el programa suicida aún no impacta de pleno, se trata de que crean que la causa de su incipiente pero creciente deterioro son los estratos más humildes de la sociedad. En definitiva, se busca un enfrentamiento de los sectores medios con las capas más humildes, lo que resulta insólito, porque parece una táctica de lucha de clases al revés.
Los sectores medios se confunden y algunos humildes también, porque todo se tiñe mediáticamente de “antipolítica”, el envoltorio es “todos son corruptos”, el paquete se cierra con el moño reiterado de “la política no sirve, quienes nos agreden son políticos” y, por ende, “corruptos”. Se lanzan infamias, difamaciones, procesos inventados, denuncias, imputaciones groseras, hay mercenarios que trabajan todo el día en eso.
El gobierno “serio” de los “no corruptos” que habilitan la corrupción sistémica más escandalosa (que en pocos meses endeudó a la Nación en más de la mitad del monto de la deuda que nos llevó al 2001), muestra su “autoridad” con represión: quieren exhibirse como de “orden”, cuando en realidad son los artífices del caos.
En el “show del orden” resucitan viejas técnicas y, entre ellas, la represión de las protestas, para que “la gente” pueda circular libremente por las calles, sin “desorden”. Para eso usan policías a los que también maltratan negándoles condición de trabajadores y, por ende, su legítimo derecho de sindicalización, como tienen todas las policías europeas y algunas de nuestra región.Esto es indispensable para evitar hasta donde sea posible que los trabajadores policiales desarrollen su conciencia profesional. De este modo se les facilita asignarles el rol de “enemigos” frente a los sectores más humildes. Del juego de “policía-ladrón” se pasa al de “policía-manifestante”.
Al mismo tiempo se agravan penas y se criminaliza a la adolescencia pobre para prevenir “el delito”, en abstracto, como si un cheque sin fondos fuese igual a un homicidio o un hurto igual a una violación, porque lo que quieren es mostrarse “duros” frente a la indisciplina: la Nación es una especie de gran escuela donde sus ciudadanos somos los párvulos a los que castigar para que “aprendamos”.
Si bien cuando se les critica esta insensatez responden que esa crítica proviene de Foucault, lo cierto es que sería más útil que leyesen a Napoleón, que hace 200 años distinguía cuerdamente entre crímenes, delitos y contravenciones, para no “gastar pólvora en chimangos”, si es que en serio se quieren prevenir cosas graves. Pero, obviamente eso no interesa, no se quiere prevenir, sino sólo montar el “show del orden”.
Por cierto, todo esto ha de pasar, como pasaron otros episodios muy desafortunados en nuestra historia. Un día el orificio del embudo se cierra del todo, como otras veces. El pueblo, los sectores humildes y los medios y todos, se darán cuenta de la parodia, de la estafa, de que nos hemos caído en un pozo y hay que salir. Al final, el sentimiento de Nación no nos es ajeno a los argentinos, porque en esos momentos volvemos a cubrirnos por una bandera y un destino común que nos condena a alguna solidaridad.
La evidencia que no puede ocultar cualquier monopolio mediático muestra que la represión no pudo contener la protesta de todos, que “el delito” no baja, que las leyes sólo fueron parte del “show”. Cuando llega ese día hay “bronca”, la misma reacción agresiva que produce saberse estafado, defraudado, burlado.
Es inevitable: esto siempre ha sucedido y seguirá sucediendo cuando la mentira, el “show” del orden, se acaba y todos ven el verdadero rostro de quienes se ríen de la ingenuidad, se burlan de la buena fe de quienes “no saben de política”, de quienes dejaron que “la política” se la haga otro, como decía Perón.


Lo más lamentable en estos casos es que siempre en la escalada represiva quedan algunos cadáveres, y esos no los podemos recuperar, son vidas que se pierden, sin que importe si son muchas o pocas. Vidas que se pierden por no hacer una prevención racional, otras por efecto directo de la represión, porque el “loquito” hizo lo que no debía hacer, le dio un balazo en la cabeza a un maestro como pasó en Neuquén, y todos nos lamentamos o se mata a dos manifestantes en un puente. Renuncia un ministro, se remueve a un gobernador, hasta puede irse un presidente, pero nadie resucita a un muerto.
*Profesor Emérito de la UBA. Ex Juez de la Suprema Corte de Justicia. Juez integrante de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esta nota se publió originalmente en La Tecl@ Eñe.

Salvar a Venezuela

Por Ricardo Alarcón de Quesada 
            
Domingo, 16 de Abril de 2017 23:19

La hostilidad del imperialismo estadounidense hacia la Revolución Bolivariana ha sido permanente y multiforme desde que Hugo Chávez resultó electo Presidente. Según avanzaba el proceso de transformaciones sociales promovido por Chávez, siempre respetando las normas constitucionales y la legalidad, el Imperio ensayaba nuevas acciones agresivas violatorias del Derecho Internacional.

La obra revolucionaria rescató a millones de venezolanos de la pobreza absoluta y la miseria, puso fin al analfabetismo, garantizó a todos y todas el acceso a la educación y la atención médica gratuita, les devolvió, en fin, la plena soberanía.

Venezuela ha cambiado sustancialmente. Sus grandes riquezas naturales, por primera vez en la historia, no son para el disfrute exclusivo de una minoría, sino que han sido y son redistribuidas para beneficio de las amplias masas. Pero ha sido una marcha cuesta arriba sorteando obstáculos de todo tipo.

Defender lo mucho que ha logrado y seguir conquistando mayores cotas de justicia constituye un perenne desafío para el pueblo del Libertador. Intentos de golpe de estado, “huelga” petrolera, sabotajes, sanciones económicas, diplomáticas y políticas, amenazas militares y una descomunal, multimillonaria, propaganda para aislarla y pretender justificar la intervención foránea, han sido el pan de cada día impuesto a un pueblo que, en contraste, no sólo no ha atacado ni dañado a nadie sino que se convirtió, al mismo tiempo, en ejemplo de fraternidad para con los otros pueblos del Continente.

Porque si Venezuela ha cambiado mucho, el Imperio no ha cambiado nada. Ayer, Obama, sin temor al ridículo, determinó que Venezuela es “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Ahora Trump blande contra ella la llamada Carta Democrática Interamericana, cuyo texto debemos suponer que no ha leído pues, como se ufana en proclamarlo, el actual mandatario detesta la lectura.

La muerte de Hugo Chávez fue un golpe doloroso que estremeció a su país y al mundo. Desde Bolívar nadie hizo tanto como él por la emancipación de su pueblo, nadie supo hacer de Venezuela paradigma de solidaridad humana y auténtica democracia. Dedicado a su causa hasta el último aliento, antes de despedirse, Chávez propuso como a su sustituto y continuador a Nicolás Maduro, su mejor discípulo, un joven obrero y cercano colaborador, quien, en aquellas dramáticas circunstancias y enfrentando a una poderosa maquinaria de difamación y odio en su contra, resultó vencedor en las elecciones generales.

El gobierno de Maduro no ha conocido un instante de respiro. A la drástica caída en los precios del petróleo en el mercado internacional se ha unido la guerra económica desatada por Washington y en la que participa abiertamente la oligarquía local que especula con las limitaciones materiales y provoca escaseces y malestar. Estos fueron los factores principales que permitieron a la oposición obtener una mayoría de escaños en la Asamblea Nacional.

Hay que recordar que desde la primera elección de Chávez como Presidente en Venezuela se han realizado más elecciones, plebiscitos y otras consultas populares que las que hayan podido efectuarse en los países del Hemisferio que cínicamente quieren erigirse en jueces de la situación venezolana. En la mayoría de esos ejercicios democráticos vencieron las fuerzas del chavismo y cuando no fue así los resultados fueron aceptados por Chávez y por Maduro.

Conviene recordar asimismo que ganar o perder transitoriamente la mayoría de los miembros del órgano legislativo no significa ganar o perder el gobierno en los países de América Latina. Tampoco lo es en Estados Unidos: si tal cosa rigiera en el vecino del Norte la lista de Presidentes despojados de sus cargos sería interminable: por ejemplo Clinton, Bush y Obama, para sólo mencionar los más recientes en una bicentenaria tradición en la que resulta normal ejercer la jefatura del Estado contando con una minoría parlamentaria. Para no hablar de Trump cuya presidencia no es cuestionada -aunque Hillary Clinton lo superó por más de tres millones de votos- y ostenta el mayor índice de desaprobación del que haya memoria en aquel país.

No debe olvidarse, sobre todo, el carácter subversivo, anticonstitucional, proclamado sin ambages por Henry Ramos Allup cuando, al asumir la dirección de la Asamblea, anunció un plan para expulsar de la jefatura del Estado a Nicolás Maduro en seis meses. No formuló un programa legislativo, anunció un golpe de estado. Desde entonces no ha hecho otra cosa que alentar el caos y la inestabilidad institucional.
La OEA en cueros

La conducta ilegítima e irresponsable de la oposición lejos de sumarle apoyo interno ha generado la creciente resistencia de un pueblo que, más allá de las ideologías, necesita y desea la paz y la convivencia frente a la agresión externa. Para derrocar al Gobierno legítimo había que recurrir al exterior y buscar en Washington lo que no pueden encontrar en Caracas.

Entonces aparece, nada más y nada menos, que la llamada Organización de Estados Americanos (OEA) y su insólito Secretario General, Luis Almagro.

La historia del “ministerio de colonias yanquis” es sobradamente conocida. Hace más de un siglo, ante los primeros pasos para crear el “panamericanismo”, José Martí advirtió el peligro y llamó a pelear por la independencia verdadera de Nuestra América.

Para Almagro –o sea para el Imperio— el único problema en el Hemisferio es Venezuela. Su enfermiza obsesión antibolivariana los ha arrastrado al punto increíble de dar una suerte de golpe de estado dentro de la propia institución, desconociendo a sus propias autoridades –al representante de Bolivia, Presidente del Consejo Permanente y Decano de sus embajadores y al Vicepresidente que es el representante de Haití— para imponer su estrategia antivenezolana.

Si la OEA tuviese un mínimo de seriedad no le alcanzaría el tiempo para ocuparse de los problemas reales del Continente.

La represión masiva contra los latinoamericanos en Estados Unidos; el infame muro de Trump y sus medidas de proteccionismo comercial; la vergonzosa destitución de Dilma Roussef; la constante aparición de cementerios clandestinos en México y otros lugares; los asesinatos cotidianos de periodistas; los muchachos desaparecidos de Ayotzinapa, las niñas muertas en Guatemala, el incendio del Parlamento paraguayo; las huelgas y protestas populares en Argentina, Brasil y otros países, son parte del largo temario que interesa a los pueblos pero que no existen para Almagro ni para el dócil rebaño que lo sigue.

Porque la OEA no fue creada para bregar con la realidad. Nunca ha sido otra cosa que instrumento para la dominación imperial. Que a estas alturas echen mano a la vieja y desprestigiada herramienta, pisoteando incluso sus reglas y procedimientos, es un llamado de alerta. La agresión imperialista está en marcha y debemos detenerla.

El crimen se está cometiendo a la luz del día, a la vista de todos y contemplarlo en calma sería una complicidad imperdonable.

Urge multiplicar la solidaridad. Hay que salvar a Venezuela. (CubaDebate)

OEA - 3 de abril

Golpe en la OEA, una conspiración contra Venezuela


3 de abril 2017

Conmemoración Independencia de Venezuela

Por Alberto Mas
Acto conmemorativo del 207 aniversario de la proclamación de la Independencia de Venezuela en Argentina

Jueves, 20 de Abril de 2017
Alberto Más, corresponsal de Cubainformación en Buenos Aires.- (1) Mientras en las calles de Caracas millones de venezolanas y venezolanos apoyaban al Presidente Nicolás Maduro y a la Revolución Bolivariana, en el Parque Rivadavia de la ciudad de Buenos Aires, donde está instalada la escultura del Libertador Simón Bolívar, se llevó a cabo la ceremonia de celebración del 207 aniversario de la proclamación de la independencia de Venezuela, recordándose también el Día Internacional de Solidaridad con Venezuela, denunciando y rechazando el plan golpista ideado desde los EE.UU, apoyándose en la posición injerencista que Luis Almagro, Secretario General de la O.E.A. (Org. De Estados Americanos), despliega desde ese organismo con el apoyo de la derecha más retrógrada del mundo.
Ante una nutrida asistencia, que contó con los embajadores y funcionarios del Cuerpo Diplomático de países acreditados ante el gobierno argentino, entre los que se destacaban los embajadores de Cuba, Orestes Pérez Pérez; de Nicaragua, José Luis Villavicencio Ordoñez y de Palestina Husni M. A. Abdel Wahed, estudiantes venezolanos, integrantes de la juventud del PSUV, intelectuales y representantes de organizaciones políticas y sociales argentinas.
El Embajador venezolano, General de Brigada Carlos Eduardo Martínez Mendoza, agradeció a los presentes la presencia en el acto y al referirse a la conmemoración señaló “nos congregamos ante el monumento del Libertador Simón Bolívar para conmemorar el 207 aniversario de aquella fervorosa fecha que representó el 19 de abril de 1810, que abrió el camino, en el caso de Venezuela, de ese proceso de independencia que posteriormente se pudo materializar, oficialmente un año después, el 5 de julio de 1811”.
Recordó que la gesta independentista “implicó una guerra cruenta, durante casi 10 años más, y que permitió que en 1822, quedará liberada Venezuela de la ocupación española” lo que permitió llevar a cabo “la epopeya que representó la Campaña de Ayacucho en el Perú, que fue el último gran enfrentamiento dentro de las campañas terrestres de las guerras de independencia hispanoamericanas” y “significó el final definitivo del dominio administrativo español en América del sur, cuatro años después”.
Martínez Mendoza recordó dos fechas históricas que entrelazan la historia del proyecto de construcción de la Patria Grande en Nuestra América, “el 19 de abril de 1810, constituye conjuntamente con el 25 de mayo 1810 de Buenos Aires, dos hitos de la historia pre independentista”, agregando que “el 19 de abril en Caracas y el 25 de mayo en Buenos Aires, constituyen los dos elementos de mayor transcendencia que abrieron las puertas de ese proceso de independencia, que como todos sabemos, no fue fácil; fue duro, por cuanto costo mucha sangre y vidas, pero que pudo materializarse, en esas tres primeras décadas del siglo XIX y que permitieron la consolidación de esta América hispana, de esta América profunda”. Agregando que “Si bien se logró esa independencia política en el siglo XIX, pareciera ser como muchos autores la ha tratado de señalar, entre ellos, el historiador argentino Abelardo Ramos, que es una “tarea inconclusa”
El diplomático venezolano afirmó que “en esta nuestra América, si bien logramos la emancipación en el siglo XIX, hoy nos encontramos todavía batallando por esa independencia plena en lo político, social, económico y cultural”, destacando que “todos los procesos históricos del continente se dieron por esa capacidad de unidad que tuvieron nuestros padres de la patria, por su visión conjunta e integrada”.
También Martínez Mendoza interpretó que las gestas de la región deben verse “como una llama de unidad, de espíritu, del sentimiento que somos una sola Patria Grande y proyectarlo hacia la generaciones futuras”.
Finalizó su exposición efectuando un tributo al General Francisco de Miranda, político, militar, diplomático, escritor, considerado ‘El Precursor de la Emancipación Americana contra el Imperio español’ y que “tuvo que ver con todas nuestras naciones. Que para nadie, es desconocida la cercanía de Miranda con José de San Martin, Bernardo O'Higgins y con Bolívar”.
Desde Argentina podemos decir, la Venezuela Bolivariana, la Venezuela de Chávez, no está sola.
(1) Información y fotos de la Embajada Bolivariana de Venezuela en Argentina

jueves, 13 de abril de 2017

ENTREVISTA EXCLUSIVA A IGNACIO RAMONET

De la revista digital "La Jiribilla" (Cuba)
“El razonamiento y la verdad son más importantes que la seducción”